Cuento corto primero y cuento largo después

¡Bienvenida a mi blog! Si recién nos conocemos, soy MarielaPapeletas. Hago técnicas mixtas sobre papel y me encanta contarte cosas de arte mezcladas con la vida diaria para motivarte a estar en presencia cuando creás. Recordá que sos una chispa de luz divina encarnada en este cuerpo humano para vivir experiencias; y si podés dejar tu huella y compartir tu voz y tu arte al mundo, ¡mejor todavía!

El universo escucha lo que pedís y suele cumplir tus deseos. Pero siempre que algo viene «de arriba», viene con enseñanzas; no existen los «golpes de suerte» sin el «golpe»… Y no es porque Dios o el universo sean malos, sino porque vinimos a esta tierra a aprender, a unir lo terrenal con lo divino mediante el oficio sagrado de respirar y experimentarlo.

Cuento corto: La abundancia jamás está exenta de responsabilidad y de trabajo duro.

Te doy un ejemplo sencillo… y aquí va el cuento largo.

El regalo y el dilema de la abundancia

Dos días después de decirle a Berar (mi esposo) lo mucho que me gustaría tener un cajón de mandarinas en casa para comer todas las que quisiera, mi suegra me regaló dos cajas llenas. Eran mandarinitas de piel dura, pegadita y llenísimas de semillas.

(Dato curioso: el árbol da muchas semillas cuando se siente débil o le faltaron nutrientes; es su manera de asegurar la supervivencia de la especie).

Ante tanta abundancia y fruto, lo primero que hace la gente que ama es compartir, tal como hizo mi suegra conmigo. Pero al llegar a casa con semejante cantidad, al igual que pensó ella nos dio miedo que se echaran a perder. Ahí surge el dilema: ¿compartir, transformar o desechar?

Manos a la obra: Transformar la abundancia en beneficio

Decidí no dejar vencer nada y aprovechar todo en distintas formas:

  1. El jugo y las semillas: Comimos muchísima fruta fresca, pero para salvar el resto, saqué más de dos litros de jugo. Con las semillas que filtró la juguera, le pedí ayuda a Juani para abonar la tierra de un viejo tanque de agua roto y las plantamos 🌱 con la ilusión de tener un arbolito propio.

Las pulpas (El budín): Quitarle la pulpa a cada cáscara fue un trabajito manual hermoso de casi dos horas con cucharita mientras escuchaba un podcast. Con esa pulpa hice el budín más aromático que te puedas imaginar.

Se vé fierito, pero creeme estaba riquisimo. Sabía que iba a salir muy húmedo asi que lo hice bajito en una asadera para quedarme tranquila de que se iba a cocinar bien, lo merendamos y desayunamos!.

Las cáscaras (Las cascaritas azucaradas): Tras cortarlas y hervirlas pacientemente, las acomodé en bandejas con azúcar a esperar que se sequen.

Resultado:

Dos cajas de mandarinas se convirtieron en dos semanas o más! de felicidad, postres, jugo, budín, cascaritas azucaradas y, quién te dice, un arbolito nuevo.

Ahora te pregunto: ¿vos qué hubieras hecho?

¿Hubieras dejado las frutas hasta el final de su vida útil?, hubieras tirado las partes sólo porque llevaría mucho trabajo y tiempo procesarlas? ¿O te arriesgarías a la decepciones?, a que el arbolito no salga, que el budín quede feo, que las cascaritas queden amargas o el jugo ácido?

Porque finalmente, la diferencia entre algo que se aprovecha y algo que se desperdicia SOS VOS. La diferencia la hace tu intención, tu luz, tu amor, tus ganas de disfrutar y de poner tu tiempo (incluso con el riesgo de perderlo) en pos de algo que querés lograr sin saber cómo va a terminar.

Conclusión: ¡Usá tus materiales!

Con tus materiales de arte pasa EXACTAMENTE lo mismo: o los aprovechás o se desperdician.

Todos los materiales se vencen: algunos se secan, otros pierden sus propiedades o se arruinan guardados. Mirá si vas a arriesgarte a que se echen a perder por inacción o por miedo, sin intentar primero sacar de ellos lo mejor que tienen para ofrecerte.

El arte —al igual que cocinar con mandarinas— requiere:

  • Presencia antes que nada. No busques la perfección, los likes, la aprobación externa.
  • Procesos y trabajo en el medio. Es necesario que lo disfrutes que seas feliz en el proceso.
  • Resultados al final independientemente del resultado, que siempre van a ser mejores que haber dejado que las cosas se venzan en un cajón, si estabas jugando y siendo feliz en el proceso, el resultado siempre es provechoso.

Ekev: el talón, lo que une lo terrenal con lo divino. Que tu hacer en el día a día convierta lo mundano en sagrado. ¡USA TUS MATERIALES Y DIVERTITE!

Por favor acceder para comentar.