Más veces de lo que me gustaría me encuentro pensando que todo lo que hago en mi scraproom es una pavada.
Pintar, dibujar, escribir… todo una completa y total pérdida de tiempo e insumos.
Y pérdida de plata, claro.
Si hasta los que están al lado piensan eso y no siempre entienden el amor por unos papelitos raros y unas cajitas extrañas.
Este artículo viene a darle la razón a esa vocecita interior que hace que compres insumos, que guardes tutoriales y que desees desesperadamente un espacio propio para colorear sellitos.
Así que si necesitás sesgo de confirmación, quedate, porque voy a darte una potente razón para que sigas intentando eso que quiere tu alma todo el tiempo. Pero te advierto que no va a ser una lectura sencilla.

La vida tiene momentos de dolor muy fuertes que ponen a todo tu cuerpo, tu mente y tus hormonas a favor de la supervivencia. Y esa es la razón por la cual esas emociones son lo más verdadero, lo más autoprotector con lo que vas a contar en tu vida.
Esas decisiones egoístas, miserables, de dudosa piedad, llenas de miedos, de polaridades y de oscuros y bajos instintos son, en definitiva, la última cueva oscura y sin ventilación de tu ego para sobrevivir a los tigres dientes de sable que tu corteza reptiliana tiene en su imaginario, para que no expongas tu carne al dolor.
La adrenalina que recorre cada glándula extirpa cada momento de piedad que puedas tener, y matarías a tus propias manos y piernas con tal de proteger tu corazón.
El aliento de vida que une el alma al cuerpo: tus latidos.
Es por eso que es importante ver esas emociones.
Esas emociones son importantes. Y son efímeras, muy efímeras.
Escribir lo que sentís, lo que pensás con honestidad, es como sacarles una foto. Es poder verlas así, crudas, llenas de saliva, de transpiración, incluyendo tus miserias.
Da asco leerlas incluso. Te hace ver al monstruo que se esconde bajo el tapado de piel de tu inteligencia, de tu conocimiento, de tu refinada personalidad, de tu pulida conciencia. Y porque sos inteligente y porque tenés conciencia es que leés este mail.
Porque no podés negar lo crudas, crueles y egoístas emociones que sentimos en momentos de dolor, y sería insultante a mi inteligencia que lo niegues.

¿Y por qué tengo que recordártelo con un email?
Porque nos encanta que sean efímeras, que podamos controlarlas, que sean invisibles, que jamás las noten. Eso está muy valorado, el autocontrol, lo racional, lo empático. O simplemente nos querien mansos, en masa y manejables?.
A nuestro ego le encanta hacerlas desaparecer el 99,99 % del tiempo, pero no es verdad.
Y yo, que te lo recuerdo, y vos, que no te fuiste de este email —que somos inteligentes como para no escaparle a esta cruda charla— sabemos que sí existen, que si están ahí es por y para algo.
El por qué ya lo leíste: para sobrevivir, para protegerte.
Y el para qué te rodea. Tenés que elegir verlo. Validarlo.
Como te digo siempre, ya sabés que las respuestas están rodeándote: en las canciones que escuchás en esos momentos por casualidad, en tu cuaderno y sus decoraciones, en la forma en que ordenás los elementos, en los colores que elegís para pintar, en las repeticiones de los números que ves, en los emails que te abrazan no como un amigo sino como una osa enfurecida que finalmente te demuestra que podés sobrevivir a ella.
Es en esos momentos que tenés respuestas, pero tu “inteligencia” elige no verlas, invalidarlas y sacarles peso específico.
Y sin embargo… ahí siguen.
Y yo te invito a escribirlas, a desenredar esos hilos y verlos en sus carreteles, una vez que el ego se haya tranquilizado.
Es la mejor herramienta para tomar decisiones recordando la coherencia de la emoción y la experiencia juntas.
Para accionar desde la autoprotección, pero con la inteligencia emocional que trae la calma después de la tormenta.
Si la secuencia es pensamiento + emoción = acción, y yo me olvido de la “verdadera” emoción, mis decisiones nunca van a ser 100% coherentes conmigo.

En definitiva, la foto de tus emociones más crudas te protege del miedo de entrar en conversaciones incómodas, los ecos de tus emociones más crudas, te ayudan a tomar decisiones, poner limites y salir a buscar lo que «realmente» querés.
Releer esos crudos relatos te hace recordar por qué tomaste esa decisión y te da la fuerza de sostenerla en los momentos de confrontación que te protegen íntimamente, de verdad.
Escribí, pintá, dibujá desde las emociones más puras e instintivas, para que tus decisiones creen una realidad coherente y se sienta creación tuya de verdad.
Así que todo lo que sirva para que hagas y descargues tu creatividad va a ser un tiro para el lado de la justicia, justificado y perfectamente válido.
Comprá eso que elegiste y usalo para tu bien, con tu creatividad, que vas a encontrar esa fuerza y esas respuestas en tus obras siendo coherente con tu felicidad.
